Estabilidad laboral e igualdad de oportunidades

Posted by on Març 17, 2020 in Articles | 0 comments

Estabilidad laboral e igualdad de oportunidades

Podemos tener la sensación que si nosotr@s tenemos la suerte de poder emprender y, por tanto, de poder liderar un proyecto de negocio, es porqué nos lo hemos ganado con nuestro esfuerzo, y seguro que es así. Pero si miramos a nuestro alrededor podemos observar que muchas personas no tienen la oportunidad de trabajar en aquello que les gusta, y que si a pesar de ello trabajan, con más o menos gusto, es para poder cobrar a final de mes.

Por suerte, también encontramos personas que trabajan por cuenta ajena en aquello que les gusta, ahora bien, ello implica estar a las órdenes de otra persona. De hecho no todas las personas están capacitadas o preparadas para emprender, pues está claro que no es nada fácil y quien lo ha probado lo ha podido comprobar.

Muchas cooperativas surgen cuando el proyecto, por su complejidad, es una carga demasiado pesada para una sola persona y necesita compartirla con otras. Otras personas con las que pueda establecer complicidades y, complementar sus conocimientos y capacidades. 

En las cooperativas es posible que personas no emprendedoras puedan encontrar su lugar y que aun no siendo emprendedoras puedan participar en las decisiones sobre su propio trabajo y sobre la marcha general de la empresa. Cabe destacar que la decisión más importante es la de si se continúa formando parte del proyecto o no, pues cuando trabajamos por cuenta ajena son terceras personas las que toman esta decisión por nosotr@s. Y esto es lo que refleja el Indicador de Estabilidad Laboral: el compromiso de la organización con las personas que trabajan en ella en función de si tienen una relación de soci@, contrato indefinido o contrato temporal (Llobet, 2014. Qué es la Responsabilidad Social de las Organizaciones. Dictus Publishing).

En lo que se refiere a la igualdad de oportunidades, a veces no nos damos cuenta que esta igualdad está condicionada por la familia y el lugar (comarca, país, región, continente…) en que hemos nacido. No nos damos cuenta que no hemos podido escoger el entorno en el que hemos crecido y cuál es la herencia que nos ha tocado. Pero sí podemos darnos cuenta que no es lo mismo nacer en una familia aposentada que en una familia pobre. Ni es lo mismo nacer en según qué barrio de una gran ciudad, ni es lo mismo nacer en uno u otro campo, selva, costa, isla o montaña. Que tampoco es lo mismo nacer en Europa, que en África, Asia, América u Oceanía. Y, en definitiva, tampoco es lo mismo nacer hombre que mujer.

Si nos damos cuenta que la gran mayoría de personas de este mundo no tienen igualdad de oportunidades (género, discapacidad, riesgo de exclusión social), podremos pensar que l@s emprendedor@s si tienen la capacidad de valorar a las personas que van a contratar por sus capacidades y no por sus discapacidades. Pues es necesario dar-se cuenta que tod@s tenemos discapacidades, y que lo realmente importante son las capacidades, ante las cuales es indiferente la familia, el lugar, las condiciones en que hemos nacido o el género.

Entonces si se valora a las personas por sus capacidades, ellas mismas se empoderan para valorar su grado de implicación en el proyecto, y decidir si van a dar lo mejor de ellas mismas y corresponsabilizarse de la marcha de la empresa, o no. Está claro que las empresas que ofrecen mayor estabilidad laboral e igualdad de oportunidades, realizan mayores contribuciones a la Calidad de Vida de sus trabajador@s.

La estabilidad laboral determina todas las demás condiciones de trabajo: sueldo, flexibilidad, salud laboral, formación… Así pues, es responsabilidad de las personas emprendedoras tratar de manera justa a todas la personas trabajadoras de su organización, y no delegar esa responsabilidad a los proveedores, a las administraciones y la legislación laboral, ya que podemos comprobar que las normas se saltan a menudo, y que son distintas en distintos lugares de un mundo globalizado, a pesar que los derechos de las personas son los mismos y se deberían respetar, especialmente el derecho a participar en las decisiones (estabilidad laboral) y a la igualdad de oportunidades.

Montserrat Llobet i Abizanda
Economista i Doctora en Polítiques Públiques i Transformació Social


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